viernes, 17 de julio de 2015

ARTÍCULOS DE ROCK - "Un ensueño en este insomnio" por EDUARDO BERTI (Radar, PÁGINA /12 - 29.11.2009)







Suplemento Radar- Página /12
DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2009
Por Eduardo Berti


Si la letra de “Cuando me empiece a quedar solo”, de Charly García con Sui Generis, fue deviniendo con el tiempo curiosamente profética (“tendré los ojos muy lejos, un cigarrillo en la boca, el pecho dentro de un hueco...”) hasta volverse poco menos que un autorretrato de su autor, algo por el estilo parece ocurrir con esa canción de Spinetta llamada “Moviola” e incluida en uno de sus discos más inspirados: Los niños que escriben en el cielo (1981).

“¿Alguien vio a este anciano solo aquí en el desierto, pidiendo limosna a los cactus con su infatigable violín?”, empezaba “Moviola”. Y por más que a 40 años de sus primeros pasos junto con el grupo Almendra, convertido a esta altura en un icono de la cultura argentina, Luis Alberto Spinetta no es ni parece un anciano (aunque sea abuelo), está claro que su arte, infatigable, hace pensar cada vez más en un oasis en medio de este desierto o en “un ensueño en este insomnio”, como dijera en aquel mismo disco, en la canción “Umbral”.

En todos estos años de gente y de música, Spinetta no sólo ha buscado socios en el desierto sino que, disco a disco, canción tras canción, ha ido desafiando incluso a sus seguidores más fieles (“nunca me oíste en tiempo / siempre tuviste un poco de miedo”), en una perpetua tensión entre las tradiciones (las comunes y las propias) y la necesidad de innovación: Almendra fue un encuentro perfecto y original entre el tango, lo beatle y el surrealismo: la “voz de gorrión” de la “Muchacha ojos de papel” era hija tanto de “Lucy in the Sky with Diamonds” de Lennon y McCartney como de la “voz de alondra” de “Malena” (Troilo-Manzi); Pescado Rabioso fue un grito liberador (en medio de una serie de gritos como “No tengo más Dios”) y aun “destanguizador” bajo el influjo de Zeppelin, de Pappo y de la violencia armada de los ‘70, entre otras cosas; Artaud fue mucho más que un regreso a la casita de los viejos, también fue un ensayo sobre la libertad (y sus riesgos), un disco de tapa deforme imposible de poner en fila junto a los otros; Invisible no sólo marcó la adultez sino también el inicio de lecturas influyentes (Carlos Castaneda) y de ciertas alianzas musicales (con el baterista Pomo, por ejemplo) que prosiguieron luego en Spinetta Jade, por momentos con mayor impronta jazzera; las últimas décadas transcurrieron mayormente en solitario (con puntos culminantes como Privé o Pelusón of Milk), aunque en el medio hubo un power trío, la banda sonora de una película (Fuego gris) y, antes aún, un disco doble a dúo con Fito Páez.

El resumen es apretado y no alcanza a reflejar la intensidad ni la calidad de cada uno de estos momentos. Pero, en todo caso, deja entrever que Spinetta hizo mucho más que limitarse a cantar “mañana es mejor” (famoso verso de su disco Artaud), ya que también trató de cumplir el axioma al pie de la letra, tomando riesgos y, ante todo, eludiendo en lo posible cualquier clase de nostalgia o de conformismo.

En este contexto, la noticia de que Spinetta volverá a armar (aunque más no sea por pocos minutos) varios de los grupos que lideró o integró durante su carrera resulta poco menos que el milagro que esperaban, ya resignados, todos los amantes de su música. A diferencia de Sui Generis, de Seru Giran, de Los Gatos o de Soda Stereo, ninguna de las bandas de Spinetta conoció nunca un revival (ni Pescado Rabioso ni Invisible), excepción hecha del regreso de Almendra, que ocurrió hace ya tres décadas.

Este próximo verano Spinetta festejará su cumpleaños número 60, pero a su vez se cumplirán cuarenta años de un momento fundacional para la música argentina. En enero de 1970, dos grupos (Manal y Almendra) editaron sus primeros álbumes: sus respectivos debuts con un “long-play”, luego de un puñado de simples publicados en los meses previos. Nada fue igual luego de “Porque hoy nací”, “Informe de un día” o “Una casa con diez pinos” (Manal), ni tampoco luego de “Figuración”, “Laura va” o “Plegaria para un niño dormido” (Almendra). Estos dos álbumes, que vinieron a sumarse a la tarea pionera de Los Shakers y de Litto Nebbia con Los Gatos y que encontraron ecos en Moris o en Vox Dei, impulsaron un movimiento que pronto conoció otros nombres (desde Gustavo Santaolalla hasta León Gieco) y aún perduran como testimonio vigente de los primeros pasos de dos compositores excepcionales (Javier Martínez en el caso de Manal, Spinetta en Almendra), dos de los pocos cuyas letras (como ocurre también con Miguel Abuelo o con el Indio Solari) pueden leerse con placer, en un papel, independientemente de la música.

Fue y sigue siendo usual oponer a Manal y a Almendra, como quien opone a los Stones y a los Beatles. El trío Manal (Martínez, Claudio Gabis y Alejandro Medina) ofrecía una música cruda y unas letras de imágenes “comprensibles”: “Vía muerta, calle con asfalto siempre destrozado, charco sucio...”, mientras que Almendra (Spinetta, Emilio del Guercio, Edelmiro Molinari y Rodolfo García) retrataba “mares de algodón” o “dedos que se vuelven pan” y postulaba hipótesis de otras posibles formas de realidad: “Figúrate que no eres más un hombre”, “figúrate que pierdes la cabeza”.

Desde luego que pintar a la ciudad y al suburbio como lo hacía Manal no excluía, de ninguna forma, los aciertos poéticos y las metáforas brillantes: “Y la grúa, su lágrima de carga inclina sobre el dock” (“Avellaneda Blues”). En sentido inverso, lo “volado” de Almendra no impidió una reflexión sobre la alienación urbana: “Tanta ciudad, tanta sed y tú, un hombre solo”. Las cosas no son tan tajantes, ni tan simples. Y, en tal sentido, si bien uno de los aportes de Spinetta fue su corte con cierto naturalismo, esto no equivalió a un corte total con el tango, mucho menos con lo más osado de éste. En los arreglos de voces de “A estos hombres tristes”, de Almendra, hay innegables ecos de la ópera María de Buenos Aires, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer, quien entonces se atrevía a usar palabras como “supersport” en un género no siempre tan permeable; pero si se debe detectar un ancestro tanguero para Spinetta, éste seguramente sea Homero Expósito, como llegó a afirmar alguna vez Charly García. Ambos, Expósito y Spinetta, fueron influidos a las claras por las vanguardias poéticas (el surrealismo, sobre todo); ambos osaron con imágenes inusuales y exquisitas: “Los caballos del día sudan de pronto frente a mí” (Spinetta); “Trenzas de color de mate amargo que endulzaron mi letargo gris” (Expósito). Tan sólo las primeras letras de Miguel Abuelo (“Mariposas de madera”) pueden compararse por su osadía.

Con el tiempo, lo surrealista de Spinetta se haría más manifiesto en el disco Artaud (1973), firmado como Pescado Rabioso, pero en realidad solista, y en canciones magistrales como “Los libros de la buena memoria”; la atmósfera tanguera tendría su clímax en El jardín de los presentes (1976), álbum despedida de Invisible, para reaparecer en Bajo Belgrano (1983), homenaje al barrio de la infancia; una inédita ópera de Almendra iría revelándose, de a poco, en temas como “Ella también” o “Canción para los días de la vida”; la vertiente más baladística o acústica se prolongaría en clásicos como “Todas las hojas son del viento”, “Barro tal vez” (un hermoso aire de zamba compuesto a los 15 años de edad), “Durazno sangrando” o “Que ves el cielo”; mientras que la veta más rockera se extendería, hasta el presente, en temas como “Blues de Cris”, “Despiértate, nena”, “Post-Crucifixión”, “Ropa violeta” o “Cheques”. En cierto aspecto, la obra de Spinetta parece progresar en un apasionante equilibrio entre ambos impulsos –el introspectivo y el extravertido, el acústico y el eléctrico–, a veces más y otras menos balanceado; y hasta el nombre de su segundo grupo, Pescado Rabioso, en cierto modo sintetiza esta suerte de delicado equilibrio (¿un pez con hidrofobia?).

Calificadas en ocasiones de herméticas, las letras spinettianas han tocado extremos apasionantes. La breve canción “Por” trae una de las letras más originales de la historia del rock argentino: una serie de vocablos, todos sustantivos salvo el último (“árbol, hoja, salto, luz”), unidos por asociación libre: en algunos casos mediante un vínculo palpable (“clavo” y “coito”), en su mayor parte de manera misteriosa. Una canción del mismo álbum, “La sed verdadera”, muestra otro de sus recursos más usuales: el de dirigirse al oyente, apelándolo en segunda persona (“sé muy bien que has oído hablar de mí”) y desafiándolo, casi como el Cortázar de Rayuela a salir de toda pasividad (“nada salió de vos”, “la paz en mí nunca la encontrarás”). La segunda persona es bastante frecuente no sólo en el rock: diversos tangos (“Muñeca brava”, “Shusheta”) lograron así que el oyente se sintiera más implicado, creando la ilusión de que el cantor se dirige a él cuando, en realidad, se está dirigiendo al personaje. No obstante, en el caso de Spinetta (y de otros letristas del rock, como Moris en “De nada sirve”) se suele, en efecto, interpelar al oyente, como si un “hermano mayor” diera consejos: “Abre un poco tu mente / no te dejes desanimar” (García); “Abre tu mente al mundo” (Spinetta).

Que Spinetta y García hayan coincidido en esta idea (la de abrir la mente) lejos está de ser una casualidad. Si un propósito se ha arrogado el rock ha sido el de abrir puertas y “demoler paredes” (la obra de Pink Floyd es un emblema perfecto). Y, por cierto, Spinetta y García volvieron a coincidir casi literalmente años después, en otro verso que alude a la libertad: “Yo no quiero vivir como digan” (García en “Yo no quiero volverme tan loco”) y “ya no quiero vivir como digan” (Spinetta en “Mapa de tu amor”).

Convendría añadir que Spinetta nunca dudó en nutrir y estimular sus imágenes poéticas con lecturas de toda índole. Uno de sus canciones de culto (“Cantata de puentes amarillos”) está basada en las cartas del pintor Vincent van Gogh a su hermano Theo; casi todo el primer disco de Invisible tiene como punto de partida ciertos estudios sobre los mandalas que realizara el psicólogo Carl Gustav Jung; numerosas letras de sus canciones aluden al ya mencionado Castaneda, especialmente al libro Las enseñanzas de don Juan; y su álbum Téster de violencia está inspirado en sus lecturas del filósofo francés Michel Foucault.

Lo llamativo es que este trasfondo, que enriquece la apreciación de sus letras, nunca produjo un efecto del total distanciamiento. Tal vez porque otras canciones mucho más terrestres (desde “Rutas argentinas” o “Me gusta ese tajo” hasta sus alusiones futboleras en “El anillo del capitán Beto” o “La bengala perdida”) se encargan de contrarrestar las cosas, de manera que, aunque la obra spinettiana en ocasiones se vuelve un poco para “entendidos”, su figura goza de una indudable popularidad. Para la monada es, lisa y llanamente, “el Flaco”. Privilegio de pocos: el apodo basta y sobra para nombrarlo.


jueves, 16 de julio de 2015

BANDAS - SPINETTA JADE (1980-1984)







radar
DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2009
SPINETTA JADE 1980-1984


Contra todos los males de este mundo
Por Sergio Marchi


En 1980 estaba muy de moda el saber los nombres de los músicos. Eran los Tiempos Azoteicos, una edad geológica del rock donde todo se inspeccionaba con el cerebro y se sometía a un escrutinio implacable por parte del rockero informado. En los Tiempos Azoteicos lo que se escuchaba era el jazz rock, un estilo también llamado “música de fusión”. La Música Azota era aquella de un alto nivel de complejidad en su confección y en su ejecución. Los ídolos de aquellos tiempos rockeros eran John McLaughlin, Chick Corea y el grupo Weather Report, todos con deudas al dios Miles Davis. En el rock argentino eso se tradujo en un montón de músicos que aprendieron acordes raros, y no supieron muy bien qué hacer con ellos.
Tras la separación de Invisible, y antes del arribo de Jade, Spinetta tuvo su bautismo de jazz con el álbum A 18’ minutos del sol durante 1977. En él marcaba el sendero que su música habría de tomar con Jade: un estilo con elementos de jazz, pero utilizados a su manera. Spinetta, más que seguir la moda, encontró algo en la fusión que lo marcó a fuego y por siempre. Jade fue el fiel testimonio de la propia mezcla que Spinetta obtenía entre su lírica, sus melodías y la armonía del jazz.
“Vamos a tocar un tema de características aleatorias llamado ‘Experiencias en el Pabellón A’”, fue lo primero que dijo Luis aquel 3 de mayo de 1980, en el debut de Jade en Obras, compartiendo cartel con Emilio del Guercio y la Eléctrica Rioplatense. Ahí radicaba la importancia de los nombres de los músicos: Pedro Aznar, Lito Vitale, Juan del Barrio, jovencitos virtuosos pasados por el tamiz de la experiencia de Pomo y Luis Alberto. Podían encarar algo de una complejidad tremenda como el instrumental “Digital Ayatollah”, o una balada exquisita como “Alma de diamante”. Se irían algunos (Vitale, Aznar, Del Barrio) y entrarían otros (Diego Rapoport, Leo Sujatovich, Beto Satragni, César Franov y Frank Ojstersek); todos tenían en común una capacidad técnica impresionante puesta al servicio de Spinetta, que sabía cómo explotar el color de cada uno.
En los casi seis años que duró Jade, el grupo editó cuatro álbumes. Alma de diamante, imbuido de la estela que dejaba la intensa lectura de Carlos Castaneda, marcó un territorio que sería ampliado por el segundo, Los niños que escriben en el cielo, con una tendencia ligeramente pop. Bajo Belgrano se anticipó al rock barrial en mucho tiempo y marcó los Tiempos Malvineros, con esa letra que decía “Ricky está listo / listo del bocho / y encima le tocó marina”, así como el despertar de los años del Proceso con “Maribel se durmió”. Madre en años luz fue el disco del final y mostró el enamoramiento de Spinetta con las baterías electrónicas; quizá también sea una de sus obras más difíciles junto con Exactas y Don Lucero.
Dentro del rock argentino inmerso en los Tiempos Azoteicos, Jade fue el grupo capaz de ponerle corazón a esa maraña de acordes y dificultades armónicas. No era una música capaz de encantar a primera oída, pero en esa época el rock desconfiaba de los amores superficiales y de las virtudes de “la fiesta” por sobre “la escucha”. Sin embargo, no todo era dificultad; canciones como “Alma de diamante”, “Umbral”, “Entonces es como dar amor”, “Mapa de tu amor”, “Dale gracias” o “Nunca me oíste en tiempo”, llegaban por línea directa al corazón. Y en los temas complejos, siempre había un núcleo de belleza para descubrir.
“Vamos en procura de aquel viejo tiburón / a las profundidades del mar de la sangre / la marea misma nos guiará y al cambiar / lo obligaremos a dar su dirección / a dar el antídoto contra todos los males que hay aquí”, decía la letra de un tema que los fans conocían como “El antídoto”. Jade era exactamente eso: una receta magistral contra todos los males de este mundo que a veces sabía a néctar y, en ocasiones, se trataba de una medicina heroica.

Ficha de la banda:

Origen:  Buenos Aires, Argentina 
Información artística
Géneros:  rock, jazz, jazz rock, rock progresivo
Período de actividad:  1980-1985
Discográficas: Mordisco-Ratón finta, Universal

Álbumes de estudio

*1980    Alma de diamante
Primer álbum de Spinetta Jade
Discográfica: Ratón Finta
"Amenábar", "Alma de diamante", "Dale gracias", "Con la sombra de tu aliado (el aliado)", "La diosa salvaje", "Digital Ayatollah", "Sombras en los álamos"

*1981    Los niños que escriben en el cielo
Segundo álbum de Spinetta Jade
Discográfica: Ratón finta
"Moviola", "La herida de París", "El hombre dirigente", "Sexo", "Siguiendo los pasos del maestro", "Contra todos los males de este mundo", "Un viento celeste", "No te busques ya en el umbral (umbral)", "Influjo estelar", "Nunca me viste en tiempo"

*1983    Bajo Belgrano
Tercer álbum de Spinetta Jade
Discográfica: Ratón finta-Interdisc
"Canción de Bajo Belgrano","Vas a iluminar la casa", "Maribel se durmió", "Vida siempre", "Ping pong", "Mapa de tu amor", "Resumen porteño", "Era de uranio", "Cola de mono", "Viaje y epílogo"

*1984    Madre en años luz
Cuarto álbum de Spinetta Jade
Discográfica: Interdisc
"Camafeo","Entonces es como dar amor", "Amarilla flor", "Este es el hombre de hielo", "¿No ves que ya no somos chiquitos?", "Ludmina", "Enero del último día", "Mula alma", "Díganle"

Miembros

-Luis Alberto Spinetta (guitarra y voz
Batería
Pomo Lorenzo
Teclados 
Juan del Barrio
Leo Sujatovich
Mono Fontana
Lito Vitale
Diego Rapoport 
Bajo
Pedro Aznar
Beto Satragni 
Frank Ojstersek
César Franov
Paul Dourge (y minimoog)
Guitarra
Lito Epumer

SHOWS - REUNIÓN SERÚ GIRÁN / SPINETTA JADE (Estadio OBRAS, 1980)







por Expreso Imaginario - Número 50 - Año 1980

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En septiembre de 1980, la banda Spinetta Jade pisó por segunda vez el escenario del Estadio Obras para realizar un concierto junto a Serú Girán, considerado «el evento musical del año». Era un hecho histórico que dos grandes grupos estuvieran simultáneamente en el escenario. El show comenzó con Spinetta cantando «Que ves el cielo», a mitad del tema se agregó Garcia y luego hicieron juntos «Cuando ya me empiece a quedar solo». Bajo un clima enfervorizado, se agregó Lebón e interpretaron «Música del alma» y luego entraron todos los demás: Aznar y Moro, por un lado, Spinetta, Pomo, Satragni y Rapoport y Del Barrio por el otro. El recital se cerró con los dos grupos sobre el escenario interpretando «El mendigo en el andén» (de García y Lebón) , «Cristalida» (de Spinetta) y como bis «Despiertate nena» (Spinetta) con el agregado de Gustavo Bazterrica




La reunión de Charlie García, Luis Alberto Spinetta y sus respectivos grupos movilizó una gran cantidad de público que durante las tres noches colmó las instalaciones del Club Obras. Evidentemente, la posibilidad de ver en un mismo escenario a dos figuras de estlos musicales tan diferentes fue un atractivo muy fuerte para el público porteño.

No se puede decir que este evento obedeció a la necesidad de tocar juntos por el solo hecho de hacer música; ni Spinetta ni García tienen afinidades musicales o estilísticas, eso quedó demostrados en el material que tocaron juntos. Más bien se trató de reunir en un mismo show a dos figuras y a dos bandas que podían captar, en diferentes proporciones, la adhesión del público. En un principio, en los días programados para este concierto iban a presentarse Spinetta y León Gieco; reunión que se frustró por razones ampliamente conocidas por el público.

García y Spinetta brindaron un espectáculo de gran jerarquía, sin concesiones a la demagogia o al sentimentalismo. Cada uno cumplió con su parte correctamente; y a la hora de hacerlo juntos, tocaron bien, sin nada que fuera producto de la improvisación.

Es evidente que la música de Serú Girán es diferente a la de Jade, y que así también es la respuesta del público. Sin ninguna duda, García, Lebón, Aznar y Moro integran la formación de rock más popular del momento, la que más consigue motivar a las audiencias. Esa adhesión cuantitativa por parte del público fue harto manifiesta en cada uno de los conciertos.

El comienzo del show estuvo a cargo de Spinetta con su tema, “que ves el cielo”. La canción pertenece a la época de Invisible, y no representa lo mejor de la producción de esa banda. En mitad del tema, se acopló Charlie García en los teclados. La canción siguiente fue la primera conmoción de la noche: “Cuando ya me empiece a quedar solo” tuvo la inmediata respuesta que aún tienen las canciones de Sui Generis. Para el tema siguiente, hizo su ingreso la otra gran figura de éstos conciertos: David Lebón. Pro presencia, talento, y hasta por su manejo del escenario, Lebón se impuso como la tercera estrella de los shows. Juntos interpretaron “Música del alma”.

Con el ingreso de Pedro Aznar y Oscar Moro, dio comienzo la actuación de Serú Girán. La banda ha conseguido un ensamble, una integración tan perfecta con su música que introducir todo tipo de arreglos e improvisaciones novedosas, capaz de revitalizar cada una de las canciones. Esta soltura escénica, posibilitó que el show se transformara en una verdadera fiesta en la que la audiencia y los músicos compartieron la música en idénticas proporciones. Como una máquina devastadora, Serú Girán tocó un tema detrás de otro, sin interrupciones. La repetición en el final del rock “No te sobra una moneda”, llevó al delirio a un público emocionalmente enfervorizado.

A continuación, le tocó el turno a Spinetta-Jade. La apertura fue con “Dale gracias”, una canción muy serena que contrastó con la energía desbordante que aún flotaba en el ambiente. Lo siguieron otra canciones como “Diosa salvaje” y “Solo el amor puede sostener”, y temas instrumentales como “Amenábar” y “Digital Ayatollah”. La música de Hade vario sustancialmente con respecto a las primeras actuaciones de éste año. Spinetta, acusó el impacto de las falta de respuesta por parte del público, e intentó buscar matices menos complejos para su música. En cambio también influyó la presencia de Diego Rapoport, en reemplazo de Lito Vitale.

Cada una de las canciones fue impecablemente interpretada, con igual cantidad de aciertos (en guitarra eléctrica) y desaciertos (guitarra acústica) por parte de Spinetta. El resto de la banda cumplió su cometido, destacándose el trabajo de Rapoport y Pomo. Del Barrio pareció no poder superar la frialdad de las composiciones, y Beto Satragni (que debutó en reemplazo de Aznar) hizo su parte sin errores, pero sintiendo el peso del debut. El jazz-rock de Jade es una música fría, en la que ni siquiera aflora la vertiginosidad técnica que caracteriza al género, y que por momentos llega a ser tediosa. En la parte final, ingresó el guitarrista Gustavo Bazterrica, que hizo algunos aportes interesantes.

El Gran final llegó con las dos bandas en escena, cuando el público ya reclamaba insistentemente la presencia de García. Conjuntamente tocaron “Crisálida”, una canción del álbum doble de Pescado Rabioso (y una de las mejores de la producción de Spinetta), fue uno de los momentos culminantes del show. Detrás de la atronadora muralla de sonido que creaban Jade y Serú Girán, surgían claras las cristalinas voces de Spinetta y Lebón. Y resulta imposible no comparar la belleza y magnificencia de ésta música de Spinetta con la que hace actualmente. El cierre fue con “Despiértate nena”, otro ardoroso tema de la época de Pescado (en el que también estaba Lebón), llevó al público al paroxismo.

Este concierto tuvo una vibración especial, en algunos músicos, y, mayoritariamente, en el público. Pareció como si se rescatara parte de aquel viejo espíritu de los primeros años del rock. Y eso fue lo mejor, más allá o más acá de las mentiras, las trampas y las mezquindades que suelen rodear a las cosas buenas. Si todavía somos capaces de cantar como una sola voz, y que el sentimiento nos erice la piel, significa que estamos vivos, “Yo se que puedes amarme…”


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A raíz de una nota publicada en 1980 por la revista “Hurra”, en la cual se planteaba la tan habitual “dicotomía antagónica” entre Spinetta – García, cual si fueran los “River y Boca” del rock nacional, ambos músicos con sus respectivas bandas (nada menos que Spinetta Jade y Serú Giran) brindaron un show memorable en conjunto en el estadio Obras.

Quedaba en claro que lo que había entre ellos era admiración mutua y un profundo respeto. Ambos cantan temas del otro (Charly canta “Quiero verte bailar”, y Luis “Cuando ya me empiece a quedar solo”), y terminan el concierto las dos bandas en el escenario, en un derroche de virtuosismo pocas veces visto.

La actuación de Spinetta Jade fue muy aplaudida, pese a su difícil estilo. Fue notorio el esfuerzo de Spinetta por lograr mayor simpleza en su música, para que el público de Obras pudiera entender su mensaje. Serú Girán, en cambio, fue ovacionado desde el comienzo, dejando en evidencia el increíble «feeling» que tenía con la gente. En esta formación Beto Satragni ya remplazaba a Pedro Aznar en el bajo.


SETLIST:

-Que ves el cielo
-Cuando ya me empiece a quedar solo
-Música del alma
-Canción de hollywood
-Noche de perros
-Viernes 3 am
-A los jovenes de ayer
-Encuentro con el diablo
-Perro andaluz
-Cuanto tiempo mas llevará
-Frecuencia modulada
-No te sobra una moneda
-Dale gracias
-Amenábar
-Alma de diamante
-Solo el amor puede sostener
-La diosa salvaje
-Cristálida
-El mendigo en el anden
-Despiértate nena


Link audio - recital completo: